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Otros titulares, Viajes

Londres. La ciudad que enamora

Marzo 15, 2008 - Escrito por Ylka Tapia

londres001.jpg Desde que conocí Londres, la ciudad cosmopolita por excelencia, mi visión del cine cambió sustancialmente. Digo esto, porque cada vez que veo un film made in England no puedo evitar reconocer cada una de las localizaciones. Si es que esta ciudad es una obra de arte en sí misma. Visitarla significa admirar la grandiosidad de un imperio. La mezcla de culturas es tal, que te puedes encontrar desde un japonés, hindú, chino, español, etc. y, por supuesto, a los propios londinenses. El arte y la cultura se dan la mano en el día a día de la gran ciudad. La moda, la música, el cine, y el teatro pertenecen a la cotidianeidad del afortunado de vivir en la metrópoli. Pero, ¿por dónde comenzar un recorrido con estos antecedentes?

Me gustaría contaros en detalle, aunque el espacio no sea el propicio, mi grata experiencia. En la primera semana que pisé este país, la humedad nos caló, a mi grupo y a mí, hasta los huesos. Me sentía desalentada porque estaba en plena temporada estival y la ropa que rebosaba mi maleta era un compendio del invierno de mi ciudad natal que es, ni más ni menos, que Tenerife –Islas Canarias- O sea, no tenía abrigo en condiciones para afrontar un tiempo de estas características. Sin embargo, el clima se apiadó de esta servidora, y el buen tiempo se posó en nuestras cabezas. Las temperaturas eran agradables pero, a partir de las cinco de la tarde, el fresco era demasiado evidente para andar “ligerita de ropa”.

londres007.jpg Lo que más me llamó la atención de la gran ciudad fue, sin duda, la composición arquitectónica. La elegante estructura de lo antiguo y lo cosmopolita, me hizo comprender que el buen gusto era una premisa. Quizás, algunos/as discrepéis de mi afirmación, pero las casas de dos, tres o incluso cuatro plantas son preferibles a las abruptas urbanizaciones de clase proletaria (que también las hay en Londres, recordemos que son los precursores de la Revolución Industrial) Aún así, sentía que formaba parte una típica película europea; imaginaba que podía emular a una dama inglesa y que, en cualquier momento, llegaría un gentleman en su Rolls Royce y me llevaría a tomar un té con pastas.

Y hablando de gastronomía, los ingleses cojean un poco. Más que poco, bastante. Carecen de un concepto de la buena cocina. Acostumbran a desayunar temprano, lo típico: café y tostadas; aunque no hay quién se resista a pedir, de vez en cuando, el famoso English Breakfast: tostadas con mantequilla, huevo frito, beicon, salchicha y judías dulces. Incluso el café sabe a poco. Pero sobresalen en un aspecto muy relevante: la repostería. Tienen los dulces, pastas, pasteles, magdalenas –sobre todo, los llamados Muffies, que contienen trocitos de chocolate-, crepes, etc, de lo más delicioso que un sibarita goloso puede degustar. Curiosamente, el azúcar en terrones no me sabía a mucho, tenía que echarle unos cuantos al rancio café. El almuerzo, no es como tal, es un pequeño aperitivo, ya que la cena es la comida fuerte del día, que se lleva a cabo, aproximadamente, a las ocho de la tarde a más tardar. Mi alimentación consistió, principalmente, en Kebaks –plato típico hindú-, Kentucky –pollo frito-, y algún plato español que preparábamos en la residencia donde me alojaba.

Si eres una persona con instintos consumistas extremos, Londres te acabaría por “consumir”. Ciudad de oportunidades, en cada rincón te encontrarás tiendas de los más diversos tipos. Es una de las capitales de la moda, aquí puedes dar rienda suelta a tu estilo. Nadie te mira. O si lo hacen, es para admirar tu buen gusto, no para criticarlo. Desde punkis, góticos, fashionistas, etc. Allí, todo tiene cabida. Es muy divertido ver a las guapas japonesas con sus zapatos y sus calcetines hasta la rodilla. Sacadas del manga más glamuroso. ¿Cómo ponerte al día en cuestión de moda? Dos importantes opciones: Harrods, los almacenes de lujo, sólo para el alcance de los bolsillos más privilegiados –aunque alguna cosita me pude comprar, tipo llavero…-; o bien, los mercadillos, la auténtica joya londinense.

londres006.jpg ¿Qué mercadillo me llamó más la atención? Sin duda, Camden Town. Desde que salías de la boca del metro, no podías sino engrandecer tu espíritu: es la mezcla de culturas más elitista. Todas las nacionalidades, estilos y formas de vida se dan lugar en esta parcela de la ciudad. Tiendas –al aire libre o bajo techo-, pubs, restaurantes, espectáculos callejeros. ¿Cómo definirlo? con dos sustantivos: vida y libertad. Las calles se entrecruzan, hay tantos tipos de negocios, qué no sabes por dónde escoger. Tanta caminata te daba hambre, así que te ibas al “mercadillo de comida”. Cientos de puestos de comida: china, italiana, hindú, japonesa, asiática, mexicana, etc. Lo mejor de todo, es que te piden que lo pruebes: a cada paso, tienes un simpático/a cocinero/a ofreciéndote degustar su menú. Me decanté, en dos ocasiones, por la comida china. “Más vale viejo conocido que nuevo por conocer”

londres003.jpg Pero no todo es comida y compras en una ciudad como Londres. Por supuesto, todo dependerá de cuál es tu objetivo a la hora de elegir este destino. En mi caso, estaba ansiosa por conocer, de primera mano, la auténtica cultura por antonomasia: los museos. Que por cierto, son gratis. O al menos, lo más importantes, como el Museo Británico donde pude contemplar la auténtica atracción de ésta: la sala egipcia. O la Nacional Gallery, cuyas obras históricas me cautivaron. A destacar: La Virgen de Rocas de Leonardo Da Vinci, o Los Girasoles de Van Goth. Quisiera hacer una mención especial a un museo en concreto: La Tate Modern o, lo que es lo mismo, el museo de Arte Contemporáneo.

A priori, nos costó un poco encontrarla, porque buscábamos un edificio de líneas modernas, creo que hasta esperábamos una construcción futurista. Nada más lejos de la realidad. La Tate está situada en una vieja central eléctrica. Al verla por primera vez, llegué a sentir la angustia del proletariado cuando iban a cumplir las extenuantes jornadas de trabajo.

Al borde del río Támesis, y acompañada del famoso puente del Milenio -creado en el año 2000 como conmemoración a la entrada del nuevo milenio- la Tate se alza desafiante frente a las nuevas construcciones de la zona financiera de la ciudad. Un enorme jardín acoge a estudiantes, profesionales, turistas o simplemente apasionados del arte que se acercan a disfrutar la cream de la cream de las obras contemporáneas. Picasso, Dalí, Warhol, Van Goht, Monet, y tantos otros, en todas las ramas que puede acoger el arte, tienen cabida en este museo. Realmente, pude sentir el sentimiento del expresionismo, surrealismo, realismo, etc. y darme cuenta de que me gustan más de lo que yo creía.

londres004.jpg Sin embargo, para muchos, museo es sinónimo de aburrimiento. Nada más lejos de la realidad. Por ello, existen dos atípicos lugares que albergan lo más curioso que te puedas imaginar: el Museo de Cera o también llamado Madame Tussauds Museum, y el London Dungeon. El primero, alberga las estatuas de cera de los famosos del panorama internacional. Recuerdo que había algunos recelosos de acudir a la cita, que costaba sus euros pero, tras conocerlo, no se arrepintieron. El paseo es vertiginoso y, sobre todo, llamativo. La primera sala se asemejaba a una fiesta exclusiva. Allí, pude conocer, de primera mano, la fisonomía de los grandes del cine y la música. Leonardo Di Caprio, Bruce Willis, Brad Pitt, Morgan Freeman. Beyoncé, etc., las fotos lo dicen todo, ¿no? También había hueco para la los héroes de cómic, tipo el increíble Hulk –es una estatua enorme, por lo menos de tres metros-, el motorista fantasma, Spiderman o, incluso, tienen reservada una sala exclusiva para la película “Piratas del Caribe”, donde me quedé atónita al ver la figura de Jonhy Deep –el parecido era asombroso- espectacular lugar.

londres002.jpg El segundo, es el London Dungeon. Aquí, las opiniones son dispares. Es un museo interactivo, donde te introduces en una especie de casa del terror. La ambientación va por épocas, en función del asesino del cual te quieran hablar. Actores y actrices son los encargados de dirigirte por el recorrido, provocando gritos, y contando historias. Las figuras son de la mano de los creadores del Madam Tussauds, así que imaginaros la situación: oscuridad, olores nauseabundos (recreación del ambiente medieval), figuras escalofriantes, y “graciosos” actores. Las salas más relevantes son las de Jack The Ripper, es decir, de Jack el Destripador. Y para los más osados: al final del recorrido, donde tienes dos opciones, terminarlo o subirte a la última atracción. Elegí lo segundo. Nos sentaron en sendas hileras de asientos con cierres de seguridad, y nos elevaron. Al apagar las luces, iluminaban frente a tus ojos unas figuras que, a modo de ejecutores, accionaban la palanca. La caída libre fue de dos segundos. Y la foto del recuerdo, única. A mi entender, otro sitio básico para no perderse.

Pero dejémonos de tanta cultura. Londres se caracteriza, además, por su amplio sentido del ocio. Es decir, nunca hay tiempo para el aburrimiento. Su visión del tiempo dista, en gran medida, del hispanoamericano. Lo compararé con el español. En nuestro país, las personas que salen “de fiesta” tienden a citarse, aproximadamente, a las doce y media, para quedarse hasta las cuatro en algún pub y de ahí, marcharse a la discoteca hasta las siete de la mañana. Esto es lo habitual. Sin embargo, en Londres, se acostumbra empezar la “juega” desde las seis de la tarde. Esto se debe a que la jornada laboral es contínua, y salen de la oficina a las cinco y se van a algún pub a tomarse unas cervezas. Esto lo hacen en la calle, de pie. Sí, como lo leen. En cada local hay una barra en la parte exterior donde los londinenses hacen vida social con una “rubia” en la mano.

Otra cosa es la marcha nocturna. A los jóvenes les gusta alquilar limusinas, y recorrer la ciudad bebiendo champaña y deteniéndose en los locales de moda. Los que no pueden permitirse esta actividad, optan por acudir a pubs donde la buena música, y la gente más exclusiva se da lugar. Este es el caso de locales como el Walk About. Las entradas oscilan entre los cinco a diez euros. Salvo los fines de semana que pueden llegar a los quince euros, eso sí, sin derecho a consumición. Si te quieres “correr una buena juerga” no dudes en estar allí temprano –léase, como a las once de la noche a más tardar- porque sino te veo pagando para bailar unas dos horitas de nada.

Otra cosa, son las macrodiscotecas, como la famosa, a nivel internacional, Ministry of Sound, elitista, y lo más “in” de la ciudad. Invertir una noche en ella, no es mala idea, si te gusta la fiesta nocturna. Recuerdo acabar la noche a las tres de la mañana, coger el bus, volver a la residencia y, al día siguiente, levantarme a horas decentes. No está tan mal eso de empezar la “fiesta” temprano. El lema de londinenses, a mi entender, es aprovechar las horas diurnas al máximo.

londres005.jpg Si lo que te apetece es otro tipo de ocio, los musicales son la mejor opción. El que estaba de moda, en el momento que pisé Londres, era The Wicked (La verdadera historia del Mago de Oz) Todo el metro está decorado con carteles de musicales; en las calles, teatros enteros dedicados a cada uno de ellos. O los “hombres pancarta” que avisan de las entradas disponibles o de rebaja. Lo que más me llamó la atención fue el hecho de que los musicales se llenan a diario. Qué decir de la puesta en escena. Es demasiado espectacular para describirla en simples palabras. Por cierto, a día de hoy, el Fantasma de la Ópera sigue con las entradas agotadas.

Quiero rematar esta crónica, haciendo una lista de los lugares “extras” para visitar: por supuesto, los parques, tales como el Hyde Park con sus impresionantes atardeceres en su grandioso lago artificial; Sant James Park y sus “patitos”; los palacios, como el de Buckingham y su famoso cambio de guardia; el Big Ben, que está al borde del río Támesis. Su grandiosidad no se mide en tu tamaño –os adelanto que es pequeño, sí, cómo leéis-, la Abadía de Westminster, la Torre de Londres, etc. No recomiendo el London Eye. Es una noria gigante, que en su recorrido te enseña toda la ciudad. No me convenció la vista, más que nada, porque el cristal es tan grueso que limita la panorámica. Y como haga mal tiempo, olvidaros de tomar buenas fotos. Sentí que perdí tiempo y dinero.

Os doy un importante apunte: casi todo está en el centro. Si partes de ahí, con un plano del metro, por ejemplo, llegarás siempre al mismo sitio, en mi caso, siempre acabábamos en Picadilly Circus, – ¿Recordáis la pantalla donde “V” en la película “V de Vendetta” daba su discurso? Allí mismo- centro neurálgico de la gran ciudad, que da lugar a la famosa Oxford Street –la zona lujosa, donde sólo se ven Ferraris, Porches, Vipers, etc.- Por cierto, quién tiene coche en Londres, suele ser de alta gama, y eso responde a su estatus social. Eso sí, si optas por irte allí, encuentras enseguida trabajo. No es un mito, es una interesante realidad.

A mí, Londres me enamoró. Es un mundo aparte, como bien os he contado. Dicen que es la ciudad más cara de Europa. Sí, es verdad. Pero los sueldos allí están acorde a sus precios. En cuanto pueda, vuelvo, y será para quedarme más tiempo –sólo estuve tres semanas- Sé que no he hablado del carácter londinense. Son muy formales. Exigen las buenas formas, y no aceptan que se hable otro idioma que no sea el inglés. Pero es su filosofía de vida, y bastante hacen con soportar el convivir con tantas nacionalidades distintas que buscan vivir la aventura o encontrar su oportunidad en la gran ciudad. Simplemente, I love London. (“Yo amo Londres”)

Por Ylka Tapia
Foto cortesía de Ylka Tapia





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