Relato
El Blog de Sigmundo
Marzo 15, 2008 - Escrito por Rafael Fernandez-Ezcritor
Cada trozo de papel higiénico, que está dentro de esta papelera de la habitación de la pensión donde vivo, representa una corrida dentro del coño de Begoña. Cada vez que me corro dentro de su coño, Begoña toma un trozo de papel higiénico, se limpia el coño y lo tira a la papelera.
-Me siento muy mal, muy culpable, cuando estoy contigo –dice enrollada, entre las sábanas de mi cama, dándome la espalda.
Y yo, tirando piedras a mi propio tejado, como gilipollas que soy, le digo que no nos volvamos a ver: que tome un taxi hasta su casa, que se vaya con su marido: porque, lo que menos quiero es verla infeliz: porque siempre, siempre, todos nuestros caminos conducen hasta mi cama. Y siempre, confiamos en la quÃmica mágica de las pastillas, para no tener hijos juntos: las pastillas anticonceptivas las inventó el diablo: para que folláramos más: es lo único que ha hecho bueno Satanás por la humanidad: la única razón por la que soy satánico: adoro esas pastillas.
Tras follar, llevé a Begoña a donde más la echo de menos cada dÃa: al Parque del Retiro.
-¿No te da miedo que nos vea alguien que conozca a tu marido? –le pregunto.
-No… Madrid es tan grande. Es la ciudad perfecta para tener un amante. La multitud nos esconde y protege.
Caminamos por el Retiro: trato a Begoña como a un enamorado: aunque digamos que, ninguno de los dos, estamos enamorados: ella evita a las adivinas que quieren leerle la mano o las cartas:
-A ver si van a adivinar que soy una puta, que engaño a mi marido –comenta, riendo.
Me gustarÃa tener, encontrar, inventar, componer, palabras con las que aliviar y convencer a Begoña de que al follar, no hacemos nada malo. Que no tiene porqué sentirse mal. Sólo somos dos personas que disfrutan mucho estando juntos ¿Es eso algo horrible? Es cierto que, en una realidad diferente, existe su marido, su rutina y las facturas. Pero eso no tiene nada que ver con nosotros. Porque en esta realidad en la que ahora estamos juntos, de la mano, en este parque, hay un oasis, un sentimiento, unos instantes tan intensos, mucho más validos para la vida, para la felicidad, que estar frente al televisor, junto a su marido. Estar juntos es salud: evita que muramos: que nos pudramos vivos: que se nos arrugue la piel y estemos siempre de mal humor.
-Ojala –me dice- volviera la pasión de los primeros años con mi marido.
-Es imposible –le contesto-. La pasión es una putada que sólo ocurre entre desconocidos.
Y, cuando más tarde, volvemos al hotel y le vuelvo a meter mi polla furiosa, pienso que la vida es algo muy complicado que no cabe dentro de un matrimonio ni de un romance: hoy, mi polla se muestra furiosa, loca, fuerte, dentro de su coño.
Mañana, no. Imposible: esta pasión se convertirá en una decepción.
Hoy ella encuentra la felicidad conmigo, mañana, la encontrará junto a otra persona: asà de hija de puta es la vida. Quizá es la venganza, a través de la que nos maldice Dios, por aceptar los anticonceptivos.
Por Rafael Fernandez “Ezcritor”
+info: http://blogs.20minutos.es/ezcultura/
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